Sevilla tiene una cosa, que solo tiene Sevilla

  • Sevilla TechPark se piensa y se pregunta, junto a los directores de los medios de comunicación, qué tiene que hacer para contarse mejor y conseguir que la ciudad presuma del parque tecnológico más importante del sur de Europa

«Sevilla tiene una cosa, que solo tiene Sevilla». Vamos a meterlo por sevillanas, a ver si así entra mejor. En la letra de Pareja Obregón que popularizaron Los Marismeños, Sevilla tiene luna, sol, flor y mantilla, además de la Macarena, la Esperanza de Triana y el Gran Poder, que también son de Sevilla. En este artículo, la capital de Andalucía presume de tener el principal parque tecnológico en volumen de facturación y empresas no solo de España, sino del sur de Europa. Y, como defendió el director general de Sevilla TechPark, «vamos a empezar a decir de Europa». Sin más. Lo dicen los datos y ya saben, en periodismo, «dato mata relato».

El Círculo de Empresarios de Sevilla TechPark está celebrando un ciclo con motivo de su 25 aniversario y este jueves se citó en una segunda jornada bajo el título «El reto de ser más conocidos». Participaron su presidente, Raúl Maldonado; el director general de Sevilla TechPark, Luis Pérez, y el consejero de Universidad, Industria, Energía e Innovación de la Junta de Andalucía, Jorge Paradela, encargado de la reflexión final. Hubo lleno en la Terraza Mirador Torre Sevilla y mucho interés por escuchar al director de ABC de Sevilla, Alberto García Reyes; al delegado de Prisa Media y de la Cadena SER Andalucía, Antonio Yélamo; al periodista de El Confidencial José Luis Losa, y a la directora de El Correo de Andalucía, Isabel Morillo (quien escribe). Todos citados a conversar, bajo la moderación de Mariví Gómez, directora de Comunicación del parque, sobre la relación de Sevilla TechPark con la ciudad.

En uno de los misterios insondables de esta ciudad, Sevilla TechPark sigue siendo un gran desconocido para muchos sevillanos. Desde Cartuja 93, el parque sigue tapado para muchos ciudadanos por la sombra de la gran Expo del 92. Se ha instalado la idea de que en esa orilla del río hay jaramagos, losetas rotas —que las hay— y abandono. Pero eso no puede tapar que es uno de los motores más potentes de la innovación y el empleo tecnológico de Andalucía. En 2025, por primera vez superó la barrera de las 600 empresas instaladas, su facturación alcanzó los 6.125 millones de euros, un 11% más que el año anterior, y los empleos directos se situaron en 35.806, lo que supone una subida de más del 13%. El parque representa ya el 2,62% del PIB de Andalucía y el 13% del PIB de la provincia, recordaba la redactora de Economía de El Correo, Clara Campos, hace unos meses, durante la presentación de sus resultados.

¿Cómo veis el parque hoy? Fue la primera pregunta. «No lo vemos», contestó Yélamo. Empezamos fuertes… Sevilla TechPark tiene un problema de continente, no de contenido. Es una joya escondida y sin tasación para los ciudadanos. Muchos sevillanos desconocen el valor de su parque y están lejos de sentir el orgullo que sí ha calado en ciudades como Málaga. Sevilla no tiene un problema de falta de innovación. Tiene un problema de desconocimiento de su propia innovación.

Problemas de accesibilidad

Los problemas de accesibilidad y movilidad contribuyen a este aislamiento. Las vallas que cierran el espacio a partir de ciertas horas por seguridad ponen obstáculos a que el recinto se integre en la vida cotidiana de la ciudad. Sevilla TechPark es mucho más que el lugar donde ahora juega el Betis, con los problemas de acceso al Estadio Olímpico, mucho más que sus facultades e Isla Mágica. Es un ecosistema tecnológico de primer nivel, acoge las startups más asombrosas que podamos imaginar y algunas de las investigaciones más punteras en sus centros científicos, desde la lucha contra el cáncer hasta la fusión nuclear. Es también sede del Joint Research Centre (JRC), un centro de conocimiento del máximo nivel de la Comisión Europea que levanta un edificio imponente cuya primera piedra colocó Ursula von der Leyen. Y aunque parezca un pregón, género que tanto éxito cosecha en esta ciudad, créanme si les digo que me quedo corta.

Al parque tecnológico de la Cartuja lo lastraron la crisis de 1993 y después la de 2008, pero desde hace una década vive una auténtica revolución, con empresas que se agruparon para defender sus intereses, fondos europeos muy bien aprovechados y compañías que empezaron como pymes y hoy son grandes multinacionales. Sin embargo, no sabe venderse. Porque Sevilla se ensimisma con facilidad, porque los medios nos despistamos de lo importante para atender lo urgente, porque muchas veces las propias empresas no tienen interés ninguno en contarse —¿para qué?, deben preguntarse, si van como un tiro— y porque el parque está a pie de río, pero parece que siguiera existiendo aquel muro de Torneo que le impide penetrar en el corazón de una Sevilla que, como sevillana, les admito que muchas veces es para echarla a los leones.

Las recetas para derribar muros

Las recetas sobre la mesa fueron muchas. La primera, eliminar barreras. Mejorar accesos y comunicaciones. Que las administraciones dejen de pasarse la pelota unas a otras para terminar de verdad con los jaramagos, las losetas rotas y el mobiliario del 92 que da aspecto de abandono. Aprovechar la vida cultural que bulle en la isla, desde Cartuja Center al Auditorio, el Teatro Central o el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Y agilizar los trámites administrativos para impulsar su actividad.

El Canal de la Cartuja se llevó dos años esperando una rúbrica de la Junta y el Ayuntamiento para el cambio de uso del suelo y podrá albergar oficinas, bares, restaurantes y hoteles. Hay ya residencias universitarias, aunque de difícil acceso a determinadas horas de la noche. También hay un plan en marcha para mejorar los accesos al Estadio Olímpico, otro parto de los montes con las administraciones pasándose la pelota.

Hace falta una gran pacto con las universidades. Que los estudiantes pisen el lugar y sepan que pueden trabajar en Sevilla TechPark, en empleos que nada tienen que envidiar, en ocasiones, a los de Silicon Valley. Que se abran puertas y ventanas y que Sevilla habite su parque, que lo sienta suyo, que entre y salga, que lo conozca. Que deje de ser esa isla que parece tan lejos del resto de la ciudad estando tan cerca.

Hacen falta muchas cosas. Sobre todo, alianzas. Esta de los directores de medios de la ciudad debatiendo y compartiendo impresiones ha sido muy interesante. Sin ojana. Nunca antes nos habían sentado a la misma mesa para pensar sobre la ciudad.

Hace falta que nos enteremos de que Sevilla tiene una cosa, que solo tiene Sevilla, y que se llama Sevilla TechPark. En otras ciudades saldrían a la calle con camisetas y lemas para vender su gran motor económico y tecnológico. Aquí parece que nos cuesta creernos que tenemos uno de los parques tecnológicos más importantes de Europa.

Tenemos muchos deberes puestos. Desde El Correo de Andalucía, el compromiso editorial es firme. Existe y vamos a trabajar para sacar tan buena nota como los números de las empresas que conforman Sevilla TechPark.

Fuente: El Correo de Andalucía

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