Santander tiene en sus manos mucho más dinero del que contaba en el arranque de año. Las cuentas se han quedado cortas ante el aluvión de ingresos extra, hasta el punto de que el banco ha tenido que rehacer su plan de financiación de 2025 porque sus necesidades de recursos externos son ahora mucho menores.
El presupuesto se ha reducido en 7.000 millones de euros, que son los que Santander se ahorrará en emisiones de la deuda más cara porque los fondos han llegado o se han conseguido de otra manera. El banco tenía pensado emitir entre 34.500 y 40.500 millones de euros en bonos este año y lo ha dejado en una horquilla de 27.500 a 35.000 millones, según datos oficiales de la entidad.
Todo el ahorro se concentra en la sociedad matriz y responsable del negocio en España. Ahí es adonde han llegado los ingresos procedentes de la venta de participadas, como la cesión del 30,5% de Caceis a Crédit Agricole. También computan las operaciones de transferencia de riesgo, así como los dividendos extraordinarios de filiales.
Menos regulación
El otro impulso importante procede de unos impactos regulatorios muy inferiores a los calculados. Santander contaba con tener que cumplir este año varias novedades normativas negativas para él procedentes de la implementación de la última fase de Basilea III, pero ninguna se ha concretado. Una de las medidas ha terminado siendo más favorable de lo contemplado y otra se ha aplazado.
El resultado directo es una reducción de los dos grandes colchones regulatorios que tiene que llenar Santander «en aproximadamente 7.000 millones de euros en 2025», explica el banco. El primero es el TLAC, al que se debe como una de las 30 entidades mundiales calificadas como demasiado grandes para caer. El segundo es el MREL, exigido por las autoridades europeas.
Cuando no hay ayudas externas, los dos colchones se nutren de emisiones de deuda contingente convertible (CoCos o AT1), subordinada y sénior, que se convierten en innecesarias cuando el dinero llega por otras vías.
Ese ha sido el caso. Santander España debía colocar en el mercado entre 20.500 y 23.500 millones de euros según el plan de financiación inicial, de los que entre 20.000 y 21.500 millones tenían como destino los colchones regulatorios. Ahora le basta con 16.000 y 19.500 millones, de los que entre 13.000 y 14.500 millones serán para el TLAC y el MREL.
Los recursos para cubrir las exigencias regulatorias se reducen más que los generales porque Santander necesita emitir más cédulas de las previstas. Recortar las colocaciones de instrumentos regulatorios deja al banco desguarnecido en el flanco de la liquidez, y las cédulas servirán para compensarlo.
Ahorro
El nuevo plan de financiación prevé entre 3.000 y 5.000 millones en este tipo de deuda, lo que supone cambiar emisiones caras por las más baratas que puede vender un banco. Las cédulas están garantizadas por la cartera hipotecaria de la entidad y se colocan a tipos de interés mucho más reducidos que el resto de los bonos.
El cambio es más que favorable para Santander, el único banco español que está en la lista de los 30 catalogados como sistémicos mundiales. Su tamaño, internacionalización y complejidad hacen que su colchón regulatorio sea mayor que el resto, lo que conlleva emisiones milmillonarias cada año de la deuda más cara, que es la que nutre los colchones de protección exigidos.
Los ingresos extraordinarios le permitirán ahorrar por esta vía. Santander España tiene ya cubiertas sus necesidades de MREL y TLAC para todo 2025. Solo le queda el capítulo de las cédulas y es el más fácil. Estos instrumentos se pueden colocar a buen precio incluso con las condiciones más adversas de mercado.
El resto de las emisiones que haga tendrán como destino prefinanciar los vencimientos de 2026 y adelantarse a los acontecimientos. Tiene tres meses para ello.
Las filiales de Estados Unidos y Reino Unido no han tenido la misma suerte que la matriz. Sus planes de financiación se mantienen intactos, aunque en ambos casos están cerca de completarse.
