- Sevilla TechPark licita seis proyectos de Compra Pública de Innovación que estarán conectados entre sí y mejorarán la movilidad, la eficiencia energética y la digitalización del parque
Imagine llegar a la Cartuja y que una lanzadera sin conductor le recoja en la puerta de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería. Que las farolas detecten su presencia y regulen la iluminación a su paso. Que un dron complete una entrega sin que una furgoneta tenga que cruzar la Avenida de los Descubrimientos. Que un edificio produzca y almacene su propia energía y pueda intercambiarla con la red. O que un robot recorra las calles recogiendo las hojas de los árboles. Aunque lo pueda parecer, no es el argumento de una película de ciencia ficción. Es el experimento que Sevilla TechPark quiere poner en marcha en los próximos dos años.
El parque científico y tecnológico ha lanzado seis proyectos de Compra Pública de Innovación que movilizarán cerca de 20 millones de euros de fondos europeos. Transporte autónomo, drones, inteligencia artificial, sensores, gemelos digitales, energía solar, baterías, hidrógeno y robótica convivirán en un mismo espacio para probar en condiciones reales cómo podrían funcionar algunos de los servicios urbanos del futuro.
La apuesta va mucho más allá de instalar nuevas máquinas. Es el siguiente paso de una iniciativa que nació en 2019 para convertir la Cartuja en un espacio más digital, sostenible y descarbonizado. El objetivo es que las distintas tecnologías se comuniquen entre sí. Que una lanzadera pueda apoyarse en el alumbrado inteligente, que los sistemas de acceso y movilidad compartan datos o que los edificios puedan gestionar su consumo energético.
Una lanzadera sin conductor para resolver la última milla
Uno de los cambios más visibles para quienes trabajan o se desplazan por Sevilla TechPark podría llegar sobre cuatro ruedas. El parque quiere desplegar un sistema piloto de transporte eléctrico autónomo o semiautónomo que conecte el área de aparcamiento de la Banqueta de la Expo con distintos puntos del recinto.
El problema que se pretende resolver es conocido: la última milla. La Cartuja concentra una enorme actividad empresarial, universitaria y de investigación, pero buena parte de los espacios de estacionamiento se encuentran en zonas periféricas y son escasos. Para quien deja allí el coche o llega mediante transporte público, el trayecto que queda hasta su escritorio puede convertirse en una odisea.
La propuesta pretende que ese recorrido pueda hacerse mediante lanzaderas eléctricas capaces de desplazarse de forma autónoma o semiautónoma. Pero el proyecto, con un presupuesto de 3,66 millones de euros, no consiste simplemente en adquirir una flota y ponerla a circular. Plantea desarrollar e integrar un sistema completo de movilidad.
Eso incluye una plataforma digital de gestión, transporte bajo demanda, inteligencia artificial, comunicaciones avanzadas, monitorización y herramientas de teleoperación. La tecnología tendrá que ser capaz de conocer el estado del servicio, gestionar los vehículos y responder a las condiciones que se produzcan en un entorno urbano real.
Peatones, cruces, tráfico, mobiliario urbano y cambios en las condiciones del entorno forman parte del reto. Si el piloto funciona, la experiencia podrá servir para estudiar modelos similares de transporte en otras ciudades.
Drones y robots para repartir mercancías
La segunda gran transformación afecta a las mercancías. Sevilla TechPark quiere probar una red logística autónoma capaz de combinar vehículos terrestres sin conductor y drones para realizar entregas dentro del recinto. El objetivo es reducir parte del tráfico asociado al reparto convencional. Para ello, el proyecto contará con un presupuesto de 2,66 millones de euros.
La pieza central será un pequeño almacén inteligente desde el que se coordinarán las operaciones. Desde allí se gestionará una flota formada por vehículos autónomos y drones, junto con puntos inteligentes de entrega o smart lockers.
La dificultad reside en conseguir que las distintas piezas de puzle trabajen juntas. El sistema deberá decidir qué mercancía debe desplazarse, cuál es el medio más adecuado, qué ruta debe seguir y cuál es el momento óptimo para realizar la entrega.
No se trata de hacer volar un dron o poner a circular un robot de reparto, sino de construir una red logística capaz de operar de manera coordinada en un espacio que cuenta con trabajadores, visitantes, peatones y otros medios de transporte.
Farolas que dejan de iluminar para empezar a pensar
La transformación más silenciosa puede estar sobre nuestras cabezas. Sevilla TechPark quiere renovar buena parte de su alumbrado y convertir las farolas en nodos capaces no solo de iluminar, sino también de captar información y comunicarse con otros sistemas.
Una parte importante de las luminarias actuales proceden de la Expo 92 y presentan un notable grado de obsolescencia. La renovación servirá como punto de partida para desplegar una infraestructura mucho más ambiciosa, eso sí, sin cambiar su estética.
Las nuevas farolas podrán detectar la presencia de peatones y vehículos y adaptar la intensidad de la luz en función de lo que esté ocurriendo. También podrán crear corredores luminosos, medir parámetros ambientales y aportar información sobre los flujos de tráfico.
A esto se suman otras posibilidades: sensores acústicos para detectar patrones anómalos de ruido, herramientas de inteligencia artificial para anticipar necesidades de mantenimiento, control de la contaminación lumínica o modificación de la iluminación ante situaciones de emergencia.
El proyecto de alumbrado se ha integrado con el nuevo sistema de control de accesos y cuenta con un presupuesto conjunto de 2,33 millones de euros. La integración es importante porque multiplica las posibilidades de la infraestructura: las farolas pueden servir para iluminar, pero también para detectar, comunicar y proporcionar información a otros servicios.
Una Cartuja que sabrá quién entra, cómo se mueve y qué está pasando
La otra parte del proyecto integrado con el alumbrado es el control inteligente de accesos. El objetivo es pasar de varios sistemas independientes a una arquitectura digital capaz de gestionar conjuntamente personas, vehículos, movilidad, iluminación y seguridad.
El cambio puede parecer menos espectacular que una lanzadera autónoma o un robot andando por las calles, pero resulta fundamental para construir el ecosistema tecnológico que persigue el parque. La infraestructura tendrá que recopilar datos sobre lo que ocurre dentro del recinto y permitir que esos datos se utilicen para gestionar los distintos servicios.
El sistema podrá integrar el control de acceso de vehículos y personas con herramientas de analítica de movilidad y monitorización de flujos. De esta manera, el parque podrá conocer mejor cómo se mueve la gente, cuándo se producen determinados picos de tráfico o qué sucede ante situaciones excepcionales.
La información podrá utilizarse junto con otros sistemas. Una incidencia detectada en una zona podría tener consecuencias sobre la iluminación. Los datos de movilidad podrían servir para gestionar el transporte autónomo y los sistemas de seguridad podrían conectarse con plataformas de gestión y análisis.
Placas solares, baterías e hidrógeno para crear una comunidad energética
El proyecto energético es el más ambicioso económicamente de los seis, con un presupuesto de 4,78 millones de euros. También es uno de los que puede tener un mayor impacto sobre el funcionamiento interno del parque.
La propuesta combina generación fotovoltaica, almacenamiento mediante baterías e hidrógeno verde, puntos de recarga de vehículos eléctricos y una plataforma digital capaz de gestionar todos esos recursos. El objetivo no es simplemente colocar más placas solares. La verdadera innovación está en conseguir que la generación, el almacenamiento, los edificios, los vehículos eléctricos y la red funcionen de forma coordinada.
El parque tiene una demanda eléctrica anual cercana a los 100.000 MWh, una magnitud comparable a la de una pequeña ciudad. Frente a ello, las instalaciones fotovoltaicas existentes son limitadas. El proyecto plantea cambiar esa situación mediante una infraestructura energética distribuida y conectada.
Uno de los elementos más interesantes será el edificio demostrador, que podrá incorporar generación renovable, almacenamiento y gestión inteligente de la demanda. La idea es que el edificio en sí deje de ser un consumidor pasivo y pueda comportarse como un agente activo del sistema energético, intercambiando energía con la red.
El objetivo final es construir una comunidad energética capaz de producir, consumir, almacenar y gestionar electricidad de manera coordinada. En lugar de tener edificios, vehículos y sistemas de generación funcionando por separado, todos formarían parte de una misma red.
Robots para cuidar los más de 3.700 árboles de la Cartuja
El mantenimiento de las calles también entra dentro del plan. Sevilla TechPark quiere desarrollar robots móviles capaces de recoger de forma autónoma los residuos vegetales generados por los árboles del espacio. El presupuesto asciende a 1,45 millones de euros y el reto consiste en conseguir que estas máquinas puedan desenvolverse de manera segura en un espacio urbano real.
Los robots tendrán que identificar los residuos, desplazarse hasta ellos y recogerlos mediante sistemas automatizados. Para hacerlo necesitarán combinar percepción avanzada, sensorización, navegación autónoma e inteligencia embarcada.
Y precisamente el entorno será la parte más complicada. La Cartuja no es una fábrica cerrada en la que un robot pueda desplazarse por un recorrido perfectamente delimitado. Es un espacio compartido por peatones, vehículos, árboles, mobiliario urbano y todo tipo de obstáculos. El proyecto permitirá comprobar hasta qué punto una máquina puede asumir tareas sin necesidad de una supervisión constante.
Una Cartuja con una realidad particular
Los seis contratos tendrán un plazo de ejecución de hasta 24 meses y se desarrollarán en distintas fases: análisis, diseño, integración tecnológica, despliegue, operación piloto y validación.
Las pruebas se realizarán en un recinto que concentra más de 500 empresas, universidades y centros de investigación y al que acuden cada día más de 25.000 personas. Pero esas cifras no convierten a la Cartuja en un barrio convencional. Su actividad está muy vinculada a la jornada laboral y académica y, cuando esa actividad baja, también lo hace buena parte del movimiento del recinto.
Ese contexto estará presente en los seis proyectos. Las lanzaderas deberán atender los desplazamientos dentro del parque, los sistemas de logística tendrán que convivir con la actividad diaria de empresas y trabajadores y el alumbrado, los accesos y la energía deberán responder a un recinto cuya actividad cambia de manera radical entre el día y la noche.
Fuente: Diario de Sevilla
