Las sondas Voyager lanzadas al espacio en 1979 no han sido las únicas iniciativas que se han llevado a cabo para ser recordado en la posteridad. Algo parecido ocurrió en nuestra ciudad, Sevilla, en el 92. Con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, se construyó una cápsula del tiempo en la que se enterraron objetos para que la humanidad la descubra en siglos posteriores.
En la Isla de la Cartuja nos encontramos el Monasterio de Santa María de las Cuevas y justo a las afueras de este edificio, en un pequeño terreno entre la carretera y el templo, hay excavada una pequeña zanja en la tierra. Apenas perceptible a la vista, esta zanja es una de las curiosidades más interesantes y menos conocidas de la Expo del 92.
Esta «Zanja del Tiempo» se inauguró el 11 de octubre de 1992 a las 11:00 de la mañana. La zanja estaba destinada a que los ciudadanos pudieran meter objetos de aquel momento, que podían abarcar desde elementos personales hasta algunos objetos representativos de la Expo. Esa misma medianoche, en el momento que acabó la Exposición Universal, se cerró la zanja.
Pero esta zanja no ha quedado incorrupta, ya que en 2006 la ‘Asociación Sevilla Abierta’ añadió nuevos objetos que permiten valorar la evolución de Sevilla entre estas dos fechas, lo que lo convierte en un auténtico tesoro esperando a que los sevillanos de algún futuro la desentierren con cariño.
Esta historia, que parece de película, nos demuestra la mirada a futuro de la Sevilla de la época. Una Sevilla con aspiraciones, que tenía ganas de dejar un recuerdo de lo que fue, para que la Sevilla del futuro no olvidase sus orígenes y podamos sentirnos orgullosos de nuestra historia.
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